REPUBLICA DE JARDINIA

_____________________________________________________________________________________________

Convivimos con el precepto de que las repúblicas no pueden o no debieran cambiar de nombre; ni cambiar el entender de su territorio. En el haber social, lo existente pareciera inamovible. El establecimiento busca que no haya cambios de fondo en cómo entender la realidad. Trabajan por disociarnos del espacio natural, mostrando indicadores y señales de progreso que tienen vigencia corta: no son renovables, son finitos, se extinguen.

¿Quién sabiamente construiría un futuro sobre bases en defunción? Mantienen viva la idea de que se está logrando – y que se logrará -, el progreso y la prosperidad para todos; empero, nos acercan más hacia la insostenibilidad, hacia la desaparición de nuestra capacidad reproductiva.

Buscando trastocar las bases mismas que nos ofrecen ellos como avances – como mejoras, como desarrollo -, propongo el nacimiento de una nueva república, una que lleve un nombre nuevo con el que se instaure un nuevo paradigma. Entiendo bien lo que dice Antonio Caballero en su libro Historia de Colombia y sus oligarquías, sobre los cambios de nombre que ha sufrido este territorio, y que se nos han impuesto fruto de cada guerra y cada ideología vencedora (Editorial Crítica; 2.018). El presente llamado arroga por un futuro nuevo, no basados en la historia (i.e. Granada, Colón, la Gran Colombia o los Estados Unidos de Colombia, o la república de este siglo XXI), sino en el Capital natural: lo que hay, lo que es nuestro; y por lo mismo, lo que somos.

Propongo entonces un cambio en el entender de nuestra política, geografía, economía, progreso, desarrollo, territorio, cultura, idiosincrasia. Propongo llamar – renombrar, e incluso refundar -, este nuevo país sobre la anterior noción de Colombia, la de Colón, la de Hispania, la colonial, la quincuagenaria; hacia lo que debiéramos ser ahora, sobre lo que tenemos de factura, de natura, de heredad, de infraestructura real, de capital natural; para en adelante llamarse este territorio, para llamarnos a nosotros mismos: Jardinia.

Tenemos de base un jardín, una patria de naturaleza exuberante, abundante, frondosa, biodiversa, multicultural, y mejor aún, renovable. Pero esto no lo hemos asimilado suficientemente. No lo hemos entendido. Es menester cambiar el paradigma de desarrollo, el devenir colectivo y el concepto de progreso, para pensarnos ahora eternos, porque ¿cómo más se construye una nación, por no decir un estado y una cultura dignas, sino es sobre la convicción de ser sempiternos? Propongo repensarnos perpetuos, sostenibles, mirando en lontananza hacia milenios por venir.

Jardinia será el sitio y la forma coherente, congruente, sensata, futurista, progresista, lógica, ecológica – la única plausible -, de entendernos en movimiento hacia un futuro en armonía con la base natural, el planeta y sus seres vivientes. Estamos comenzando el siglo XXI en un desequilibrio mortífero. La dicotomía es: cambiar o fenecer.

Puede ser esta la última oportunidad – consciente -, de repensarnos como nación, como república, hacia una democracia biológica, económica y social. Esto sucederá solo si cambiamos el entendimiento del espacio propio; solo si modificamos los hábitos, las costumbres, la percepción del uso de nuestro suelo y del tiempo nuestro en el planeta Tierra; solo si cambiamos el entender de nuestro territorio y sus múltiples habitantes. Solo así podremos liberarnos de lo inmisericorde del actual proceder y del imbécil futuro que construimos de presente.

Estamos a merced de perderlo todo, en decenios, de no cambiar. Oigan bien: decenios, pocos, que de no cambiar, significarán la muerte de la nación. Es preciso virar. En pocos años no tendremos esta oportunidad de evolucionar conscientemente, pues será un cataclismo el que nos dirija el futuro. Habrá caos, sentencio, de no alterar nuestro actuar.

Crítico y terrorífico, sin duda: no podremos convivir en el espacio que ocupamos. Por unos Pesos, iremos al exterminio. No habrá más país. Ni siquiera valdrá la pena hablar de la tierra de Granada o la de Colón, incluso ni la de Jardinia, pues tendrá sentido solo hablar de terra nulius. Resulta delirante seguir este sendero a la sima.

Jardinia, la nueva república, se basa en nuevos paradigmas, nuevos principios, cabalgará sobre un modelo de desarrollo sostenible, próspero, amable, renovable: nuestro propio jardín. Al ser una nueva concepción de país, con nuevas formas de leer la realidad, de nombrarla, de gobernarla, de poseerla, de referirnos a ella, de apropiárnosla, pues sucederán cambios en la forma de convivencia territorial, en el uso del suelo, del agua, en la calidad del aire, en el cuidado y aprecio por la flora, la fauna y los minerales; y obvio, en cómo ofrecemos paz y esperanza al “otro”, sea este parlante, mudo, reptador, volador, inmóvil, bípedo o no.

Será una rebelión consensuada, generosa, integral (como nunca antes se ha usado esta palabra). ¡Al fin coherentes, en lógica con nuestra casa! Al repensar el territorio – y la política asociada -, nos lanzaremos a un nuevo concepto de país, de futuro, hacia un cambio en el formato mental de nación. Se trata nada menos que de salvar la patria. No es poca cosa, ni nada fácil. Habrá combates temáticos, choques de creencias, encuentros hilarantes sobre el pasado y el futuro. Casi, estimo, necesidad de una revolución, nacionalista, culta, visionaria, egregia y popular, al decir de la nueva nación jardinense.

La defensa de los bienes comunes ocupará el centro del pensamiento y la acción nacional: la pública y la privada. Las generaciones venideras deberán asumir su rol en el ajuste y en la reformulación de la nación que hoy, ya sabemos, no tiene futuro sostenible.

Propongo que renombremos a Colombia: Jardinia. Ese será el nombre de la nueva república, esta que va desde Punta Gallinas hasta Leticia, de Cabo Tiburón a Puerto Carreño, de los cayos caribeños a las islas del Pacífico. A lo largo y ancho, toda la anterior tierra de Colón, será ahora un jardín. Así, nuestra nueva república se fundará sobre los siguientes, más sensatos, más sostenibles, más lógicos (i.e. ecológicos), maduros y futuristas, principios de:

  • Entender el territorio como se entiende un jardín privado: un área de belleza excepcional y de cuidado singular, para nacionales, extranjeros y para el planeta como un hábitat común.
  • La sostenibilidad será la base conceptual del progreso.
  • Las divisiones geopolíticas se basarán en los ecosistemas heredados y su capacidad de carga.
  • El manejo político central (i.e. Congreso y Cámara de representantes) representarán estos ecosistemas y no ya divisiones territoriales geopolíticas.
  • El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible será la base institucional para la planeación nacional, debiendo pasar por este, todos los proyectos, obras o actividades e iniciativas nacionales, incluyendo el uso del subsuelo, el suelo, la atmósfera y todos los seres vivientes en medio.
  • Se modificarán las corporaciones autónomas regionales, hasta servir de verdaderos vigilantes de los procesos y procedimientos que honren los intereses de Jardinia, de sus ecosistemas, habitantes y su futuro.
  • El desarrollo se verá limitado por los derechos inalienables de los recursos naturales y de los ecosistemas nativos.
  • Cabrán – temporalmente -, opciones de uso del territorio para la economía extractivista; aquella de avanzada técnica y con participación política y económica del ciudadano en cada área de influencia directa.
  • La base científica para el desarrollo de todos los sectores económicos lo constituirán las posibilidades naturales del territorio: su capacidad de carga y de reproducción natural; ergo, la sostenibilidad deberá constituirse en el eje central de todo proyecto, obra o actividad e iniciativa, nacional, regional y local.
  • Habrá preferencia constitucional por el uso de los recursos renovables como base del desarrollo económico; piensen pesca, forestería, bionegocios, mercados verdes, ciencia y tecnología basada en la biodiversidad, piensen agricultura sostenible, agroforestería y silvopastoreo, o ecoturismo. Piensen serenidad en el actuar sobre la naturaleza y sus habitantes.
  • El sector agropecuario, con el forestal y el pesquero a la cabeza – por sus virtudes renovables y sostenibles -, constituirán las prioridades económicas de los futuros planes de desarrollo, sin importar el gobierno de turno.
  • La principal base del desarrollo serán las agroindustrias, con preferencia por la producción orgánica, con certificación de origen y carbono neutro, de bajo uso de agua y de energía.
  • Tendrán derechos jurídicos los ríos, las quebradas, los arroyuelos, las cuencas abastecedoras, los árboles individuales, los bosques y todas las especies de flora y fauna.
  • Los bosques nativos, con todos sus pobladores ancestrales y sus bienes y servicios ecosistémicos asociados, tendrán carácter soberano.
  • En adelante los bosques y el agua se cobijarán bajo el principio de Zonas de interés público, aunque estén estos en predios privados.
  • Se considerará traición a la patria la explotación degradante, insostenible y no renovable de cualquier recurso natural, ecosistema o territorio.
  • La tala de bosques sin autorización será considerada traición a la patria.
  • Se abolirán los nombramientos de infraestructura, instituciones, calles, leyes y similares, con referencia a nombres propios. Nada llevará el nombre de humanos o de eventos sociales o históricos.
  • No habrá más referentes espaciales, ni en municipios o departamentos, colegios o cosa pública alguna de nuestra geografía, que lleve nombres propios. Todo, absolutamente todo, llevará en adelante nombres de especies nativas jardinenses, sean estas: aves, peces, reptiles, mamíferos, árboles, flores, mariposas, ecosistemas, paisajes, quebradas, ríos; y todo aquello que no refleje a un humano, sino el mundo natural heredado y sus haberes y saberes.
  • La preservación del campo (i.e. lo opuesto a lo urbano), junto con sus bienes y servicios ecosistémicos, tendrá prioridad absoluta en la determinación de qué y cómo desarrollar el territorio nacional.
  • El potencial de pérdida de una sola especie, bien sea endémica, nativa, arraigada o migratoria, prevalecerá como determinante para detener un proyecto, obra o actividad e iniciativa.
  • Toda la Policía Nacional será a la vez Ambiental. ¿Cómo es el proceso fundacional de Jardinia? El Congreso de la República llamará a una nueva constituyente y se redactará una nueva Constitución basada en los principios arriba descritos y las intenciones y maneras de proteger esta naciente nación, sus bienes comunes, sus servicios ambientales y a la naturaleza, incluidas todas las formas de vida presentes en el territorio. Se trabajará intensamente en los registros catastrales, para sanear la tenencia agraria y aislar las áreas necesarias para la protección de los bienes comunes. Se estará hablando de una Reforma agraria, con base en el uso del territorio como se establece en el Código de los Recursos Naturales. Se creará una nueva moneda, llamada Jardín, que circulará como símbolo de la nueva riqueza: la natural, la renovable. El resto de las decisiones serán tomadas por las nuevas élites ambientales gobernantes, los empresarios sostenibles, los políticos verdes y las organizaciones ecológicas. La nueva lógica, la de la casa: la eco-lógica, estará en el poder, para todos, hasta siempre.

¡Ciudadanos de la nueva Jardinia, ha empezado un nuevo futuro, el sostenible y armónico con el planeta!

Otras columnas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *