Texto en defensa por la Vida en todas sus formas y en clamor por los asesinatos a líderes ambientales y sociales, y contra la destrucción de nuestros ecosistemas naturales con todas sus propias formas de Vida

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Se requiere ser extremadamente insensible – o cómplice -, para no sentir la necesidad de clamar por la Vida, de
actuar por las Vidas que se pierden. Y de una vez debemos aclarar que hablamos de vidas humanas, pero
también, de vidas animales y vegetales que están siendo acribilladas. Son miles y miles de animales y de árboles,
de hectáreas de vegetación que muere – y morirán más al matarse a quienes también defienden esas Vidas -.


Hay personas que están acabando, sistemáticamente, con la Vida, todas ellas nuestras, que en común tenemos
el ser habitantes de Colombia, defensores de nuestros animales y ecosistemas, pero quienes a fuego han
doblegado, eliminándolos, matando así también la posibilidad de que conozcamos más de ellos y sus enormes
aportes al bienestar planetario. Matan semillas, matan adultos, matan familias genéticas, matan pensamientos.
Los matan uno a uno, por insensatez.


Entendamos algunas cosas. Lean y escuchen, por favor, si son tan amables, a ver si logramos retornar a la razón,
a la sensatez. Somos un país lleno de Vida, pero herido de muerte, y por eso debemos escucharnos:


Una Vida lleva una carga, un bagaje de conocimientos y experiencias, que alimenta nuestra existencia y nuestro
paso por la Tierra. Los animales y lo vegetal, nos revelan conocimientos y emociones, y nos transmiten
experiencias que son, literalmente, una divinidad: no las que anuncian las iglesias o los santuarios humanos, no;
son tantos y tan variados los habitantes de un bosque, de un páramo o de una laguna, o de una madrevieja o de
una bahía, o los que vuelan sobre nosotros, que cada uno nos alienta a seguir caminando, pensando como si
fuésemos nosotros dioses en este planeta lleno de tantas y tan variadas Vidas. Son el aliento que nos da fuerzas
para creer en nosotros mismos como especie pensante y analítica, porque de la multiplicidad, de la variedad,
nace la sabiduría. Contrariamente, al matarles, se obra en desconocimiento de estos preceptos sensatos de
convivencia, de ciencia y de madurez planetaria, en un intento por detener la evolución y los cambios: algo
impensable desde la ciencia, pero actuable desde la ignorancia.


Es por desconocimiento que matan. Es por un mero, ínfimo, craso desconocimiento de lo importante que es la
Vida en todas sus formas. Es por falta de educación y de cultura, que sumadas, llevan a la maldad, a actuar con
ignorancia en defensa de lo que creen les es propio. Debemos entonces combatir esa insensatez con leyes, pero
también con educación, con cultura, con razón, con ciencia, arrogando por el progreso común: el local, el
nacional y el planetario.


Si supiéramos qué dijeron estos, estas, esos, esas, aquellos y aquellas Vidas; si nos dejaran oírles, si nuestra
cultura permitiera su entendimiento, si los asesinos tuvieran más audición y menos desvergüenza, si tuviéramos
capacidad de una discusión sana, abierta, desapasionada y generosa con el prójimo (¡y puede ser silencioso ese
diálogo!), no habría quién cargase un arma y se la apuntase a una persona; ni persona alguna que tomase fuego
para incendiar un bosque, o quién pudiera envenenar un río, o llenar una bahía de contaminantes. Entenderían
ellos que lo que se pierde allí tomaría decenios, si no milenios en asemejarnos nuevamente a lo perdido en un
instante.


Hemos perdido la calidad de la discusión, hemos empobrecido el diálogo, nos hemos hecho sordos, estamos
confundidos en cómo lograr nuestros objetivos: como personas, como especie, país, como Vida en el planeta
Tierra. Hay personas que prefieren armarse de balas, que de ideas. Prefieren matar a escuchar. Prefieren la
Muerte a la Vida. Prefieren la destrucción a la construcción. Prefieren el horror a la cordura. Y por ello debemos
ayudarles a superar ese estado mental, para llevarlos a comprender, a entender, a asimilar, que la pérdida de
Vida no genera ganancias ni acumula espacios políticos. Solo envenena esta y cinco generaciones futuras.


Como Coalición Ecológica Nacional – Rizoma, siendo un grupo de personas organizadas con el propósito de
defender el patrimonio común: la Vida, los ecosistemas, la flora, la fauna, el aire, las aguas y los sonidos de las
cosas vivientes, todas; debemos, con toda entereza y firmeza, clamar porque cese la destrucción de lo nuestro,
lo de todos. Nos están, ya entendemos, matando a todos. Están matando todo.


Basta ya, porque lo que sigue será un infierno de cenizas y maldades sumadas. 

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